Según el último Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de Transparencia Internacional de 2025, la corrupción está empeorando a nivel mundial. El índice puntúa a los países de 0 a 100, donde las puntuaciones más altas indican una percepción de que los sectores públicos son más transparentes. En 2025, el promedio mundial descendió a 42. De hecho, 122 de 182 países obtuvieron una puntuación inferior a 50. Actualmente, solo cinco países superan los 80 puntos, frente a los 12 de hace una década.
Las naciones tradicionalmente asociadas con instituciones democráticas sólidas se enfrentan a fuertes presiones en materia de gobernanza. Transparencia Internacional señala la creciente polarización política, la menor confianza institucional y la presión sobre los controles y equilibrios como factores que influyen negativamente en la caída de puntuaciones de varias economías avanzadas.
Todavía por encima de los 80 puntos se encuentran Dinamarca (89), Finlandia (88), Singapur (84), Nueva Zelanda y Noruega (ambos con 81). En 80 puntos se mantiene Suecia y cae Suiza. Alemania (77) es el primer gigante que aparece en el listado en décima posición, después de subir 2 puntos frente a 2024.
EEUU es uno de los ejemplos más claros de este cambio. Con una puntuación de 64, ocupa el puesto 29 a nivel mundial y ha alcanzado su puntuación más baja en el índice. El descenso refleja la creciente preocupación por la transparencia y la confianza institucional.
España también ha caído en el ranking de Transparencia Internacional hasta el puesto 49, con 55 puntos, todavía por encima de la media mundial, por delante de Italia (52 puntos), pero por detrás que Portugal, que también pierde un punto, pero se queda en los 56 puntos.
La corrupción conlleva elevados costes económicos, más allá de la inestabilidad política. Investigaciones publicadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) han vinculado la corrupción con una menor inversión, un crecimiento económico más débil y una menor eficacia gubernamental.
En muchos países, la corrupción también distorsiona las prioridades del gasto público. Los fondos destinados a infraestructura, sanidad, educación o adaptación al cambio climático pueden desviarse mediante sobornos o sistemas de contratación pública poco transparentes.
Más allá de las consecuencias económicas, la corrupción también genera importantes riesgos humanos. Informar sobre la corrupción sigue siendo especialmente peligroso en países con escasa protección de la gobernanza. Desde 2012, 150 periodistas que cubrían casos de corrupción fuera de zonas de guerra han sido asesinados, casi todos en países con altos niveles de corrupción.
Si bien algunos países siguen mejorando la transparencia y la rendición de cuentas, el panorama global sugiere que la corrupción sigue profundamente arraigada y cada vez es más difícil de erradicar.




