La subida del salario mínimo interprofesional en 2026 ya es oficial, tras el acuerdo alcanzado con los sindicatos para elevarlo un 3,1% respecto al año pasado, esto es, 37 euros más al mes, unos 518 al año. El último incremento deja la cuantía en 1.221 euros en 14 mensualidades, exentos de tributar, y mantiene a España como el país con el séptimo umbral más alto de la Unión Europea.
Para hacer comparaciones, la agencia estadística comunitaria, Eurostat, se basa en los salarios en 12 pagas y no en 14, como es habitual en España. La nueva nómina (de 17.094 anuales en todo caso) queda entonces en 1.424,5 euros al mes.
Luxemburgo, Irlanda y Alemania: los salarios mínimos más altos
Así, podemos ver que el salario mínimo más alto lo marca Luxemburgo, con 2.704 euros, y le siguen Irlanda (2.391 euros), Alemania (2.343 euros), Países Bajos (2.295 euros), Bélgica (2.112 euros) y Francia (1.823 euros).
El séptimo, como avanzábamos, es España, con los 1.424,5 euros al mes en 12 pagas, que va acercándose al grupo de quienes superan ya los 1.500 euros.
Por debajo de esa cifra, pero superando los 1.000 euros, se encuentran otros siete países: Eslovenia (1.278 euros), Lituania (1.153), Polonia (1.139), Chipre (1.088), Portugal (1.073), Croacia (1.050) y Grecia (1.027).
Finalmente, Bulgaria, Letonia, Rumanía, Hungría, Estonia, Eslovaquia, República Checa y Malta tiene salarios mínimos que no llegan a los 1.000 euros, en una horquilla que va desde los 620 euros del caso búlgaro a los 994 del maltés.
Solo cinco países entre los Veintisiete no establecen una remuneración mínima para sus trabajadores: Dinamarca, Italia, Austria, Finlandia y Suecia.
El salario mínimo alemán tiene el mayor poder adquisitivo
Pero no cuesta lo mismo comprar una botella de leche o pagar el alquiler en Luxemburgo que en España o en Lituania, por lo que estos importes no deberían compararse sin tener en cuenta los distintos niveles de precios en cada país.
Tras hacer el ajuste, Alemania adelanta a Luxemburgo y se coloca con el salario mínimo con mayor poder de compra. La fórmula, realizada por Eurostat antes de la última subida aprobada este martes, provocaba que Polonia subiera tres escalones y dejara a España en la octava posición por una pequeña ventaja.
Y se producen otros cambios al aplicar el índice de precios: si Bulgaria antes figuraba como el salario mínimo más bajo de la UE, tras calcularse el poder adquisitivo, sus trabajadores quedan en una mejor situación que los de Letonia y Estonia.
Por última, es relevante que esta perspectiva también reduce la brecha entre el mayor salario mínimo y el menor. Teniendo en cuenta la cantidad en euros, el umbral de Luxemburgo es 4,4 veces el de Bulgaria. En cambio, comparando al poder adquisitivo, la nómina más baja en Alemania es 2,4 veces la de Estonia.
El salario mínimo en la UE
El salario mínimo está explicitado dentro del pilar europeo de derechos sociales. Es una cuestión central en el derecho laboral comunitario, que se desarrolló primero en un recomendación de la Comisión Europea y, luego, en una Directiva que profundizaba en los procedimientos para fijar los importes.
“El objetivo del Gobierno no es aproximar nuestro SMI al de otros países con un nivel de vida superior al nuestro, sino que cumpla con la exigencia de garantizar un nivel de vida digno para los trabajadores“, explica a RTVE Noticias la profesora de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social, Magdalena Llompart, de la Universitat de les Illes Balears, y advierte que empujar hacia arriba el salario para equipararlo al de Francia o Alemania, sin tener en cuenta otros factores, tendría consecuencias en la economía y, sobre todo, las pequeñas empresas.
El Ejecutivo y los sindicatos han repetido en los últimos años y los meses de la negociación más reciente que su listón está en la interpretación que hace el Comité Europeo de Derechos Sociales de la Carta Social Europea, de la que España forma parte. Este establece que el SMI debe ser, al menos, el 60% del salario medio neto del país para considerarse una remuneración “suficiente” para proporcionar a los trabajadores y “sus familias un nivel de vida decoroso”.
La directiva europea apunta a otros parámetros, aunque no muy alejados: el 60% de la mediana de salarios (esto es, si los ordenáramos todas las cuantías, la que queda en el centro) o el 50% del salario medio bruto. No obstante, también “reconoce expresamente la posibilidad de manejar otros valores de referencia utilizados a escala nacional, como la comparación entre el salario mínimo neto y el umbral de pobreza o el poder adquisitivo de los salarios mínimos”, apunta Llompart.
Sin el acuerdo de la patronal
Salvo en 2020, la subida del salario mínimo se ha acordado en los últimos años entre Gobierno y sindicatos sin el apoyo de la patronal, pese a las largas negociaciones. Y es que el Estatuto de los Trabajadores atribuye al Gobierno las competencias para fijar la cantidad anual, “previa consulta con las organizaciones sindicales y organizaciones empresariales más representativas”, algo que la profesora de la universidad balear aclara que significa que el diálogo es obligatorio, pero la decisión “no es vinculante”.
“Su finalidad es constreñir al Gobierno a explicar a los agentes sociales la concreción de los indicadores manejados en la fijación del SMI, al objeto de que estos reciban la información pertinente y puedan emitir su opinión”, desarrolla.
El último aumento del 3,1% se corresponde, como los anteriores, con la recomendación del Comité de Expertos que asesora al Gobierno al respecto. Más allá de los umbrales fijados por la Carta Social Europea y la UE, estos deben tener en cuenta lo que dice también el Estatuto de Trabajadores, que marca cuatro factores para fijar las cuantías del SMI: el índice de precios de consumo (IPC), la productividad media nacional, el incremento de la participación del trabajo en la renta nacional y la coyuntura económica.





