Hace tiempo que Pedro Sánchez Pérez-Castejón rumia solo, en la más estricta intimidad, su siguiente paso; su siguiente jugada de ajedrez. La convocatoria de elecciones en Andalucía le tiene meditando. El presidente del Gobierno ha sumido a los ministros en un «estado de ansiedad» que, explican fuentes gubernamentales, les está llevando a «cometer errores importantes». «Ninguno sabe qué trama», explican en el Gobierno.
María Jesús Montero tropezó el martes con un inesperado brote de sinceridad en la puesta de largo de su candidatura electoral, que le llevó a elevarse, en tercera persona, como la mujer más poderosa de la democracia. Es más, llegó a mencionar como algo digno de aplauso su disposición a renunciar a tanto poder para ser candidata del PSOE a la presidencia de la Junta de Andalucía. «Sencillamente, dijo lo que piensa», concede a este diario una fuente del socialismo andaluz que la conoce bien. Ella misma defiende en privado lo que dijo. Y no lo ve como un error. Pero en su partido no piensan igual.
Lo cierto es que tras ese arrebato hay cierto cansancio tras mucho estrés. Y bastante nervio. Montero se medirá el 17 de mayo con el popular Juanma Moreno en las urnas no por convicción, sino por imposición. «El presidente se juega mucho en Andalucía. También con los cambios en el Gobierno, de los que nadie sabe nada en absoluto», cuenta un ministro. Cabe recordar que la todavía titular de Hacienda siempre dijo que solo sería candidata «si lo pedía el presidente».
Y se lo terminó pidiendo. El entorno de Montero explica que no es la primera vez que la andaluza pasa por un test de estrés psicológico. «Cuando el presidente se encerró en Moncloa para meditar si seguía o no al frente, María Jesús [Montero] sufrió mucho. No pudo comunicarse con él. En definitiva, no sabía si de la noche a la mañana se iba a convertir en presidenta del Gobierno. Imagina el destrozo psicológico y personal que sufrió. Fue una especie de tortura que tiene grabada», concede una fuente con quien mantiene una buena relación.
Aquellos días de abril marcaron un antes y un después en la forma en la que Sánchez ejerce el poder. Desde entonces, el presidente se ha encerrado todavía más. Se puede decir que el síndrome de la Moncloa se ha agudizado. La tesis de quienes han tratado con el secretario general del PSOE es que todas sus apuestas ministeriales para liderar territorios y pelear votos en elecciones autonómicas han sido una estratagema para quitarse de encima potenciales rivales dentro del partido.
En cualquier caso, la salida de Montero por la convocatoria andaluza ha revolucionado el palacio presidencial. Las fuentes consultadas en Moncloa refieren «otro error» –este de Carlos Cuerpo–, consecuencia del «estado de ansiedad» que impera en el Ejecutivo ante la falta de expectativas. «Que el ministro Cuerpo dijera el martes en rueda de prensa que si está en las quinielas para sustituir a Montero es por su buen trabajo demuestra hasta qué punto los ministros van a su bola», concede un destacado socialista. «Además, al ministro Cuerpo le va demasiado la música», cuenta una fuente gubernamental.
La historia de que hace tiempo que cada miembro del Consejo de Ministros «va a su bola» lleva tiempo fraguándose. Este diario ha venido dando cuenta de ello. «Tenemos un Consejo de Ministros con dos tipos de personas. Los que están a su campaña personal y los que buscan pasar desapercibidos, esperando que llegue el final y que sea el menos agónico posible para resetear su vida», concede una fuente del Ejecutivo.
Lo único que ha trascendido a los ministros es la voluntad pública del presidente de continuar en Moncloa hasta 2027. «Lo ha repetido una y otra vez insistentemente. No ha querido siquiera contemplar la posibilidad de hacer coincidir las generales con las andaluzas, que habrían posibilitado sacar a medio millón de votantes socialistas de casa», explica un miembro del Gobierno.
Mientras, Montero prepara su tren a Sevilla, donde hará una campaña basada en la defensa de los servicios públicos, con la sanidad en el punto de mira. En verdad, María Jesús Montero no deja de ser una de las personas que tendrá algo que decir cuando se active la sucesión en el PSOE. Por eso la oposición le critica que no haya renunciado a su escaño en el Congreso, donde seguirá acudiendo a votar cada jueves hasta el día de las elecciones en su tierra.
Solo Sánchez sabe cómo va a intentar sobrevivir. Y eso tiene a todos con el cortisol disparado.




