España ha dado en 2025 el mayor salto de su historia reciente en gasto militar. Según el informe anual del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), el país ha invertido 34.265 millones de euros en Defensa, un 50% más que el año anterior, lo que le ha permitido entrar por primera vez entre los quince países del mundo con mayor presupuesto militar, subiendo dos posiciones respecto a 2024, y superar, también por primera vez en dos décadas, la barrera del 2% del PIB que la OTAN lleva años reclamando a sus socios.
El salto tiene nombre propio: el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa, aprobado por el Gobierno en abril de 2025, al que se destinaron 11.800 millones de dólares. Una cifra que permitió adelantar al mismo 2025 el cumplimiento del objetivo OTAN, inicialmente previsto para 2029, mediante un aumento de 10.500 millones de euros repartidos entre telecomunicaciones, ciberseguridad, equipamiento militar, mejoras salariales y ampliación de efectivos.
En la clasificación mundial, España se sitúa en el puesto 15, por detrás de Estados Unidos, China, Rusia, Alemania, India, Reino Unido, Ucrania, Arabia Saudí, Francia, Japón, Israel, Italia, Corea del Sur y Polonia. Solo Bélgica, con un aumento del 59%, ha crecido más que España en el último año entre los aliados europeos. Los tres primeros países del ranking, Estados Unidos, China y Rusia, concentraron el 51% del gasto militar mundial en 2025.
El ascenso español se produce en un contexto de rearme generalizado. El gasto militar mundial alcanzó en 2025 los 2.887 billones de dólares (2.383 millones), un 2,9% más en términos reales que el año anterior, encadenando así el undécimo año consecutivo de incrementos.
Europa es uno de los principales motores de ese crecimiento: el continente registró una subida del 14% en 2025 y sus países alcanzan cifras de inversión en defensa que no se veían desde la Guerra Fría. La invasión rusa de Ucrania, la guerra en Gaza y la inestabilidad en Oriente Medio y Sudán actúan como principales argumentos políticos para justificar la escalada.
A ello se suma la presión de la Administración Trump. “Los aliados de Estados Unidos en Asia y Oceanía, como Australia, Japón y Filipinas, están aumentando el gasto en sus ejércitos no solo debido a las tensiones regionales de larga duración, sino también a la creciente incertidumbre sobre el apoyo estadounidense”, explicó Diego Lopes da Silva, investigador principal del Programa de Gasto Militar y Producción de Armas del SIPRI. “Al igual que en Europa, también están sometidos a la presión de la Administración Trump para que aumenten el gasto en Defensa”. Una presión que, en el caso español, ha actuado como acelerador de decisiones que de otro modo habrían llegado más tarde.
El dato no es solo económico ni coyuntural. En la última década, España ha incrementado su gasto en defensa un 122%, una tendencia sostenida que en 2025 alcanza su punto de inflexión más visible. El Gobierno de Pedro Sánchez defiende que el aumento responde a un entorno internacional más peligroso y a la necesidad de modernizar las capacidades estratégicas del país en un momento en que Europa avanza hacia una mayor autonomía militar.
Sin embargo, el incremento no está exento de tensión política interna. Sectores de la izquierda y del movimiento pacifista cuestionan que el concepto de seguridad se reduzca al rearme y advierten del coste de oportunidad que supone destinar recursos crecientes a defensa en pleno debate sobre vivienda, sanidad o educación. La pregunta que sobrevuela el debate es tan concreta como incómoda: qué entiende España por seguridad y cuánto está dispuesta a pagar por ella.




