El cierre de Ormuz amenaza el suministro de medicamentos en Europa, aunque España descarta el desabastecimiento

El cierre del estrecho de Ormuz no solo supone una amenaza para el suministro energético global, sino que también tiene un profundo impacto en la industria farmacéutica, altamente dependiente de rutas logísticas que atraviesan Oriente Medio. A esta preocupación se suma otro factor clave: la operatividad de los grandes aeropuertos del Golfo Pérsico, como el de Dubái, que se han convertido en nodos esenciales para el transporte de medicamentos, especialmente entre Asia y Europa. En España, de momento las autoridades sanitarias y la industria farmacéutica descartan desabastecimientos, pero advierten de que la situación puede complicarse si persiste el bloqueo, lo que podría derivar en retrasos, encarecimiento del transporte y aumento de los costes.

La guerra ha disparado el precio del barril de petróleo hasta cotas que no se alcanzaban en años, una presión que se propaga al resto de la economía. En este contexto, el sector farmacéutico acusa el golpe de forma especialmente intensa, ya que al encarecimiento de las materias primas y el transporte se suma la rigidez de un sistema de precios regulados que impide repercutir esas subidas en el producto final. Además, el conflicto bélico está reduciendo la capacidad de carga en la región, lo que impacta en un sector donde predominan las rutas marítimas, pero que también depende en gran medida del transporte aéreo —los productos farmacéuticos representan el 4% del volumen total de mercancías transportadas por vía aérea a nivel mundial—.

“Hasta la fecha, no se han notificado desabastecimientos críticos; no obstante, las empresas están informando de distintos niveles de disrupciones, principalmente relacionadas con interrupciones en el transporte aéreo y en las rutas marítimas, así como con el aumento de los costes“, declaran fuentes de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) a RTVE Noticias, aunque recalcan que “la situación es altamente dinámica y el riesgo de desabastecimientos podría aumentar si las disrupciones persisten”. Por este motivo, aunque la industria no prevé un impacto significativo en cuanto a suministro, para cubrir cualquier imprevisto las diferentes empresas están valorando rutas alternativas, y han hecho acopio de existencias capaces de amortiguar eventuales retrasos.

La AEMPS recuerda que, en el caso de todos los medicamentos comercializados en la Unión Europea, el laboratorio que los produce está obligado a garantizar el suministro y, si no puede hacerlo, debe avisarle con la suficiente antelación para poder buscar alternativas. Como medida preventiva, la agencia ha intensificado el seguimiento de la cadena de suministro para evitar situaciones de falta de suministro, y se mantiene en contacto permanente con las dos patronales principales de la industria farmacéutica en España: Farmaindustria y la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG).

El punto débil de los principios activos

Uno de los principales factores de vulnerabilidad es la fuerte dependencia de Europa respecto a Asia en la producción de principios activos farmacéuticos (API), el componente terapéutico de los fármacos. Actualmente, hasta el 80% de los API utilizados en Europa y cerca del 40% de los medicamentos terminados vendidos en el continente proceden de los dos gigantes asiáticos: China e India. Esta concentración de la cadena de suministro implica riesgos significativos. Por un lado, cualquier disrupción como la actual puede traducirse en escasez de medicamentos esenciales en el mercado europeo. Por otro, limita la capacidad de reacción del sistema sanitario ante cualquier crisis, al depender de proveedores externos sobre los que Europa tiene un control limitado.

En este sentido, a nivel europeo, la vigilancia del suministro se articula a través del Grupo de Trabajo del Punto Único de Contacto sobre Desabastecimientos (SPOC), coordinado por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), que está supervisando el impacto del conflicto de Irán con el objetivo de definir medidas de mitigación en caso de ser necesarias. El organismo regulador europeo también tranquiliza sobre la situación actual, y apunta a que “hasta la fecha, no hay informes de desabastecimientos críticos de medicamento”.

Impacto reducido en medicamentos genéricos

Los medicamentos genéricos ocupan un lugar estratégico en los sistemas sanitarios, pero su posición de relevancia contrasta con la fragilidad de sus cadenas de suministro. El 90% de los medicamentos designados como críticos por la Agencia Europea de Medicamentos son genéricos, y también representan casi la mitad de los envases dispensados con receta en las farmacias españolas. Su cadena de suministro, sin embargo, es especialmente sensible a las disrupciones globales, ya que buena parte de sus principios activos se fabrica en Asia y llega a Europa por rutas marítimas. Sin embargo, estos fármacos cuentan con cierto margen de protección gracias a sus reservas. Además, las compañías suelen trabajar con inventarios de seguridad de varios meses, lo que permite absorber retrasos puntuales.

Desde la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG), su secretaria general, María Elena Casaus, señala a RTVE Noticias que “en estos momentos, España no presenta problemas de abastecimiento vinculados al conflicto en Oriente Medio”, y agrega que las compañías de medicamentos genéricos que operan en nuestro país “mantienen su capacidad de fabricación y suministro con normalidad”.

Esta estabilidad, añade, se debe a que las empresas no tienen plantas en la zona afectada y cuentan con stocks de seguridad de aproximadamente seis meses. Sin embargo, advierte de un deterioro progresivo del contexto logístico que está conduciendo a una “tensión creciente en la cadena global de suministro”, y coincide en que “si el conflicto se prolonga, podrían aparecer tensiones en algunas categorías de medicamentos”. También subraya en que el incremento del coste del transporte y de la energía supone una presión muy importante para el sector de los medicamentos genéricos, “que opera con precios regulados y márgenes muy ajustados”, por lo que “no tiene capacidad para trasladar estos costes al precio final del medicamento”.

Según describe, el desvío de rutas marítimas y aéreas, junto a la caída del tráfico por Ormuz, está generando múltiples efectos, como retrasos en la llegada de principios activos y productos terminados, una saturación de rutas alternativas y que los costes logísticos se hayan disparado, especialmente en el transporte aéreo. Casaus detalla que esta situación está afectando fundamentalmente a productos considerados como “sensibles”. “Los datos más recientes de Medicines for Europe indican que casi la mitad de las compañías europeas ya reportan disrupciones y muchas anticipan riesgos crecientes si la situación se prolonga, especialmente para productos sensibles como inyectables estériles, medicamentos termolábiles y principios activos procedentes de Asia“, asegura la secretaria general de AESEG.

El mayor riesgo inmediato es el de los medicamentos que requieren condiciones especiales de conservación. Vacunas, insulina, productos biológicos y terapias contra el cáncer necesitan la llamada cadena de frío, lo que hace que tengan una vida útil muy corta y que sean especialmente sensibles a retrasos, lo que aumenta su vulnerabilidad ante problemas de continuidad logística.

Suministro garantizado en el corto plazo

Por su parte, Farmaindustria —la Asociación Nacional Empresarial de la Industria Farmacéutica en España— también constata que la producción sigue siendo estable. “Las más de 180 plantas de producción que mantiene el sector farmacéutico en nuestro país siguen trabajando con normalidad para garantizar el suministro de medicamentos a nuestras farmacias y hospitales”, declaran fuentes de la asociación a RTVE Noticias.

No obstante, advierten de que si el conflicto en Oriente Medio se prolonga en el tiempo, la situación “podría tener un gran impacto en la industria farmacéutica, como ya ocurrió con el conflicto de Ucrania”. En ese caso, el problema vendría principalmente por el aumento de los costes energéticos y logísticos, que ya en 2022 superaron los 900 millones de euros para el sector en España, tal y como recuerdan.

Según agregan, aunque el suministro está garantizado en el corto plazo, el escenario a medio plazo presenta incertidumbres. La combinación de dependencia estructural de Asia, tensiones logísticas y aumento de costes podría traducirse en efectos negativos como retrasos en la distribución, encarecimiento del transporte, mayor presión sobre los márgenes industriales y una mayor dependencia exterior.

Por ahora, el sistema resiste. Pero la estabilidad depende de un factor clave: la duración del conflicto y del cierre de Ormuz, así como el impacto de la guerra en los grandes aeropuertos del Golfo Pérsico.

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