“Jordi Pujol i Soley, ya se puede marchar”. Es 27 de abril. Pujol cumple 96 años en junio. Su físico es frágil. Aun así, ha ido a Madrid por indicación expresa del tribunal. Ahora, el hombre que durante 23 años, entre 1980 y 2003, marcó el camino y la transformación de Cataluña y, por supuesto, la relación con España, respira tranquilo. El presidente del tribunal, José Ricardo de Prada, le ha comunicado su exoneración por su estado de salud. Pujol sabe que, finalmente, no manchará su biografía con una condena por corrupción. Lo mismo que ocurrió hace justo 40 años, con su exoneración en el caso Banca Catalana.
El juicio empezó el 24 de noviembre y quedó visto para sentencia este jueves 14 de mayo. El primer día, Jordi Pujol compareció por videoconferencia desde Barcelona, ya que había estado ingresado en el hospital días antes. Y su imagen en la pantalla, amorrado al monitor para escuchar a los magistrados, es la imagen de uno de los personajes más influyentes del pasado reciente sentado en el banquillo de los acusados. La que restará en el imaginario colectivo.
Han pasado casi 12 años de su confesión, aquel 25 de julio de 2014, cuando admitió que durante décadas había ocultado una fortuna en el extranjero que, dijo, procedía de una “deixa”, una herencia de su padre Florenci Pujol i Brugat.
“Recuerdo perfectamente ese día”, rememora el periodista de El Periódico, Jesús G. Albalat, “pensábamos que era una broma. La sensación era de incredulidad absoluta”. Con esa confesión, valora el periodista de El Món, Quico Sallés, “seguramente evitó su detención y la pena de Telediario”. Hacía dos años que la Audiencia Nacional investigaba los negocios de su primogénito, Jordi Pujol Ferrusola.
Oriol Pujol, el único hijo que había seguido su estela política, estaba inmerso en la causa de las ITV, que acabó en condena e ingreso en prisión por dos meses. Y pocos días antes, el 7 de julio de 2014, el diario El Mundo había publicado un “pantallazo” con cuentas bancarias de su mujer, Marta Ferrusola, y cuatro de sus hijos bajo el titular “La familia Pujol ingresó 3,4 millones en un mes en un banco de Andorra”.
Toda la familia acabó procesada por asociación ilícita y blanqueo de capitales. Fiscalía pedía 9 años de cárcel para el expresident. También fue procesada la exmujer de Jordi Pujol Ferrusola. Y 10 empresarios. La esposa de Pujol, Marta, había sido exonerada en 2021 por un grave deterioro cognitivo. Y falleció en 2024. Pero el resto se sentaron en el banquillo. Y todos, salvo el empresario Carles Vilarrubí, fallecido en diciembre, están ahora pendientes de sentencia. Jordi Pujol Ferrusola se enfrenta a 29 años de cárcel. Josep, a 14. Y los otros 5 hermanos, a 8.
La fiscalía mantiene que “no existe herencia ni papel que lo documente”
El fiscal Fernando Bermejo asegura que ha quedado probado que la familia actuaba como una organización criminal, con Jordi Pujol en la cúspide. Y, sobre todo, que el origen de los fondos no es el legado del abuelo Florenci. “No existe herencia, no tenemos ningún papel, ningún documento. Si hubiera existido, este fiscal se habría levantado y se habría marchado”, dijo.
El origen, afirmó, son las comisiones ilegales por adjudicaciones de obra pública a empresarios afines a Convergència, el partido de Pujol. Bermejo también insistió en que no ha sido una causa de persecución ideológica. Que hay que situarla en el momento de los hechos, cuando la familia, aseveró, “saqueaba las arcas públicas” mientras alentaba el “Espanya ens roba”.
Las defensas, sin embargo, coinciden en que las acusaciones no han presentado ni una sola prueba de ninguno de los delitos. Cristóbal Martell, abogado de Jordi Pujol Ferrusola, afirmó que de la acusación, “de un frontispicio tan ambicioso, uno espera que haya elementos que lo colmen: qué concursos, qué adjudicaciones. Y nada, sencillamente nada”. Insisten en que la versión del legado no es “extravagante”, aunque admiten que tiene “poco músculo” ya que “no es tarea fácil probar unos fondos opacos de los años 70-80”.
El abuelo, traficante de divisas
El abuelo Florenci, reconocen, era traficante de divisas. Además, apelan a la ilicitud de pruebas porque detrás de ellas estaría la guerra sucia del Estado ejecutada por la mal llamada policía patriótica.
Jordi Amat, autor del libro “El hijo del chófer”, confiesa que se ha preguntado cuales serían las primeras líneas dedicadas a Pujol en la enciclopedia y concluye que “si nos lo hubiesen preguntado en 2014, probablemente lo que esté relacionado con la corrupción habría sido la segunda o tercera”. 12 años después, cree que no. La periodista de El Diario.es, Neus Tomàs, añade que, en los últimos años, “hay un interés por rehabilitar la figura política” de Jordi Pujol. Afirmación que corrobora el encuentro entre él y Salvador Illa, el actual president, a finales del año pasado.
Entre las muchas respuestas sin responder que deja este juicio, una destaca entre todas: ¿Qué herencia deja Jordi Pujol i Soley?




