El verano de 2026 marca un hito histórico: las aguas españolas registran las temperaturas más altas de su historia

El cambio climático ha consolidado un verano sin precedentes en España. Las redes de medición marina de Puertos del Estado y la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) han confirmado que la temperatura del mar que rodea el país alcanzó máximos históricos absolutos durante el periodo estival de 2026. Este fenómeno ha transformado las aguas costeras en un auténtico “caldo”, coincidiendo con el verano más cálido en tierra firme desde que se iniciaron los registros en 1961.

El récord absoluto del país se registró el pasado 5 de agosto en las Islas Baleares, cuando la boya de Sa Dragonera (Mallorca) pulverizó todas las marcas previas al alcanzar los 33,02 °C. En esa misma línea, el mar Mediterráneo en su conjunto notificó una temperatura media superficial nunca antes vista de 28,54 °C a mediados de agosto. Localidades costeras como Maó (32,36 °C), Tarragona (30,7 °C) y Barcelona (30,5 °C) también reportaron máximos históricos locales.

El calentamiento no fue exclusivo de la cuenca mediterránea. Las aguas del norte y del noroeste peninsular experimentaron anomalías térmicas muy severas. En el mar Cantábrico, la boya de Pasaia (Gipuzkoa) registró unos insólitos 28,4 °C el 23 de junio, mientras que en aguas atlánticas de Galicia, la estación de Villano-Sisargas midió un pico de 22,17 °C.

Un verano de noches tórridas y olas de calor persistentes
Los expertos de la comunidad climática asocian de forma directa este calentamiento marino con la histórica crisis térmica sufrida en la superficie de la península ibérica. España encadenó un récord de 61 días bajo condiciones de ola de calor durante este verano.

Científicos y oceanógrafos advierten que un mar tan caliente anula el efecto refrigerante de las brisas costeras, multiplicando las “noches tórridas” (aquellas en las que el termómetro no baja de los 25 °C) en las ciudades del litoral. Asimismo, alertan sobre las graves consecuencias que este estrés térmico prolongado genera sobre la biodiversidad, amenazando la supervivencia de ecosistemas marinos vulnerables como las praderas de posidonia.

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