El contrato social entre la juventud y la democracia española se está agrietando. Según el informe “Jóvenes Españoles 2026”, presentado esta semana por la Fundación SM, casi siete de cada diez jóvenes (un 68%) declaran sentir “poca o ninguna satisfacción” con el funcionamiento actual de la democracia en España.
Este dato no es un hecho aislado, sino la punta del iceberg de un cambio profundo en los valores de la población de entre 15 y 29 años, quienes han pasado de un respaldo mayoritario al sistema en 2019 a una desafección que roza el pesimismo estructural.
El retorno de la “mano dura” y el autoritarismo
Quizás el hallazgo más alarmante del estudio es la creciente apertura hacia formas de gobierno no democráticas. El 55,7% de los jóvenes considera que, en ocasiones, es necesaria la “mano dura” para garantizar la paz social, incluso si esto implica recortar libertades individuales.
Más aún, un 47% admite que un régimen autoritario podría ser preferible a uno democrático en circunstancias específicas. Esta tendencia se alimenta de una percepción de ineficacia institucional: el 74% de los encuestados afirma tajantemente que “todos los políticos son iguales” y que el sistema no responde a sus necesidades reales.
Giro en las prioridades: del idealismo al pragmatismo
El informe detecta un repliegue hacia lo privado y lo material. Tras años donde el ecologismo o el feminismo lideraban las preocupaciones juveniles, el foco se ha desplazado hacia la salud (75%), la familia (71,8%) y el bienestar económico (59,7%).
“Ganar dinero” ha escalado posiciones como valor fundamental, desplazando causas sociales que antes se consideraban transversales. Este giro pragmático también se refleja en la percepción de la inmigración: el 59% de los jóvenes cree ahora que existen “excesivas facilidades” para los inmigrantes, un aumento drástico frente al 30% registrado en 2020.
Espiritualidad y nuevos refugios
En medio de esta crisis de confianza en lo público, la espiritualidad ha experimentado un repunte inesperado. Un 38,4% de los jóvenes otorga ahora una importancia alta a la religión o la fe en sus vidas, niveles que no se veían en décadas. Sin embargo, no se trata necesariamente de un regreso al catolicismo tradicional, sino de una mezcla de creencias que incluyen conceptos como el karma o las energías.
La radiografía de la juventud de 2026 muestra, en definitiva, a una generación que se siente desconectada de los grandes relatos políticos y que busca refugio en el entorno personal, la seguridad económica y figuras de autoridad fuertes ante un futuro que perciben como incierto.




